Ene 24
Las estudiantes que han regresado recientemente a clase asisten a la Escuela Secundaria para niñas Al Jabalain, en el estado de Nilo Blanco, Sudán. © ACNUR/Antonia Vadala

Cómo la educación está ayudando a sanar las comunidades en Sudán

En el estado sudanés del Nilo Blanco, la reapertura de las escuelas está ayudando a las comunidades desplazadas y locales a recuperarse del conflicto y a devolver la esperanza a la niñez cuya educación se vio interrumpida.

Los rayos del sol matutino se extienden por el patio de la escuela secundaria local de Al Jabalain, una pequeña aldea situada sobre la orilla oriental del río que da nombre al estado sudanés del Nilo Blanco. La luz del amanecer ilumina el polvo que se levanta de los pies de las niñas que se apresuran a ir a clase, sosteniendo sus gastados libros de texto y conversando en grupos antes de que comience la jornada escolar.

Hace solo unos meses, las aulas de la escuela estaban vacías y en ruinas. Ahora, hay pupitres nuevos ordenados en filas dentro de aulas recién pintadas con ventanas y puertas nuevas. Para este pequeño pueblo, la reapertura de la escuela supone una renovada esperanza, ya que permite a los padres enviar a sus hijas no solo a aprender, sino también a recuperar una sensación de normalidad y seguridad.

El estado del Nilo Blanco acoge actualmente a alrededor de 400.000 personas refugiadas y unas 460.000 personas desplazadas internas. La matriculación ha aumentado considerablemente desde que la escuela reabrió sus puertas a cientos de niñas y niños desplazados y locales, lo que ha brindado a más de 700 niñas la oportunidad de reanudar su aprendizaje.

Para estos estudiantes – entre quienes se encuentran refugiados de la vecina Sudán del Sur, sudaneses desplazados internos, y niñas y niños de la comunidad local – esto supone el regreso a la educación tras más de dos años y medio de conflicto y de interrupción de sus estudios. Para sus profesores, es una oportunidad de trabajar con dignidad y preparar a la niñez para un futuro esperanzador más allá del conflicto actual.

“La reapertura de las escuelas fue como un regalo, tanto para nosotros, los profesores, como para los niños”, afirmó la Directora Susan Zein Faisal Allah Al-Kamali. “A pesar de las numerosas dificultades, encontramos la fuerza para empezar de nuevo. La interrupción supuso dos años de aprendizaje perdido para muchos estudiantes, pero lo estamos reconstruyendo paso a paso”.

“La educación es muy importante tanto para las niñas como para los niños, pero especialmente para las niñas, ya que les aporta conocimientos y conciencia de sus derechos”, añadió. “Cuando las mujeres no reciben educación, pierden esos derechos”.

En un aula, la clase de inglés comienza con la profesora pidiendo a las alumnas que conjuguen verbos y formen oraciones simples. Aunque estos ejercicios pueden parecer básicos para su edad, muchas alumnas están volviendo a aprender habilidades que perdieron durante los años que estuvieron fuera de la escuela.

Sentada al fondo del aula se encuentra Omnia, una joven sudanesa de 17 años desplazada interna desde Jartum. Es su primer año de vuelta a la escuela desde que huyó con su familia de la capital de Sudán en 2023, y está decidida a aprovecharlo al máximo.

“Cuando supe que la escuela volvía a empezar, sentí que mi vida también volvía a empezar”, cuenta Omnia en voz baja. “Antes de la guerra, era la mejor de mi clase. Quiero sacar muy buenas notas este año: quiero estudiar medicina y sueño con ser cirujana”.

Omnia aún conserva recuerdos dolorosos del viaje de su familia desde Jartum, pero en Al Jabalain está recuperando la esperanza, gracias al ritmo de las clases, las risas de sus compañeras y la fuerza tranquila que le da el aprendizaje.

“Cuando cerraron las escuelas, no podía imaginarme sin estudiar, así que le pedí a mi familia que me pagara clases particulares de inglés”, explica. “Desde que reabrieron las escuelas, estoy muy feliz. Creo que la educación es muy importante para las niñas. Algún día, cuando sea madre, quiero saber cómo educar a mis hijos. Incluso durante el desplazamiento, la educación nos ayuda a desarrollar habilidades, adaptarnos y relacionarnos con otras personas; nos ayuda a ser más fuertes”.

En todo Sudán, millones de niñas, niños y jóvenes perdieron el acceso a la educación regular debido al conflicto. Las escuelas cerraron y muchas se utilizaron como albergues para familias desplazadas.

ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, y sus socios, en colaboración con el Ministerio de Educación de Sudán, están rehabilitando escuelas donde la niñez desplazada y de las comunidades de acogida pueden aprender juntas. La agencia también brinda apoyo a estudiantes y docentes, incluyendo libros de texto, bolígrafos, uniformes, recursos didácticos y otros materiales.

Esta labor se financia a través de la alianza plurianual PROSPECTS, cuyo objetivo es reducir la brecha entre la respuesta humanitaria y el desarrollo a largo plazo. Al invertir en una educación inclusiva y sostenible, y promover la integración de las personas refugiadas en los sistemas nacionales, la iniciativa contribuye a garantizar que tanto las personas desplazadas por la fuerza como las comunidades de acogida puedan aprender, crecer y construir juntas un futuro mejor. El programa en Sudán reúne al Gobierno de los Países Bajos, ACNUR, UNICEF y la OIT.

Programas como este son un salvavidas para la niñez cuya educación se ha visto interrumpida. Se están reparando las escuelas y equipándolas con mobiliario nuevo e instalaciones de agua y saneamiento, con el fin de garantizar entornos de aprendizaje seguros y adecuados para su finalidad. Los docentes también disponen del espacio, los recursos y el apoyo que necesitan para ayudar a los estudiantes a ponerse al corriente en sus estudios.

Al invertir en escuelas públicas en lugar de crear sistemas paralelos, el proyecto, que refleja la filosofía de la alianza PROSPECTS, está fortaleciendo el sistema educativo nacional de Sudán, haciéndolo más resistente, y ayudándolo a recuperarse y adaptarse para que pueda servir a las generaciones futuras.

La niñez refugiada sigue el mismo plan de estudios que sus compañeros sudaneses, aprendiendo no solo matemáticas, árabe, inglés y ciencias, sino también valores como la tolerancia, la confianza y el entendimiento mutuo. Entablan amistades que ignoran las distinciones entre “refugiado”, “desplazado” y “anfitrión”.

Aunque el conflicto sigue interrumpiendo la educación de muchos niños en todo Sudán, estas intervenciones están restableciendo la escolarización dirigida por el Gobierno en los estados más seguros, sentando las bases para la estabilidad y la recuperación.

Mientras que ACNUR se centra en apoyar a las escuelas secundarias y a los profesores, UNICEF lidera el trabajo complementario en la educación primaria. Juntas, estas intervenciones crean una continuidad en el aprendizaje desde los primeros años de escuela hasta la adolescencia, maximizando los recursos, desarrollando la capacidad nacional y beneficiando a comunidades enteras.

Mientras Omnia sigue aprendiendo y recuperándose junto a sus compañeras de clase, sueña con que todas las niñas de Sudán que se vieron forzadas a abandonar la escuela puedan algún día volver a las aulas, tal y como ella ha hecho.

“Quiero que todas las niñas vuelvan a la escuela”, afirma. “Antes de la guerra, Sudán era un país increíble. Podemos ayudar a reconstruirlo y convertirlo en un modelo a seguir. Espero que Sudán esté en paz y sea incluso mejor que antes”.

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