Tras tres semanas de intensificación de los ataques israelíes, el Líbano se enfrenta a una catástrofe humanitaria inminente. Desde el 2 de marzo, más de un millón de personas —casi uno de cada cinco residentes del país, el 35 % de ellos niños— se han visto obligadas a huir de sus hogares, y la cifra sigue aumentando. El impacto alcanza a todo el territorio, desde el sur y el valle de la Bekaa, hasta Beirut y el norte del país.
Muchas de las familias con las que el equipo de ACNUR se reúne a diario ya habían sido desplazadas en los últimos 18 meses. Describen huidas precipitadas, en cuestión de minutos, llevándose solo lo que podían cargar y temiendo no volver a ver nunca sus hogares. Actualmente, más de 135.000 personas se refugian en unos 660 centros colectivos —en su mayoría, escuelas—, que superan con creces su capacidad y ofrecen escasa privacidad y un acceso limitado a agua, saneamiento y servicios básicos.
Pero esto es solo una parte de la crisis de desplazamiento. Muchas más personas se alojan con familiares o amigos, o en viviendas improvisadas repartidas por todo el país. En Beirut, cientos duermen en tiendas de campaña junto al litoral o en sus coches, porque los refugios están completos, o porque dependen del trabajo diario para sobrevivir. Otras permanecen cerca de sus comunidades pese a los riesgos, obligadas a equilibrar seguridad, medios de vida y dignidad ante decisiones imposibles.
Ni siquiera cuando se encuentran desplazadas, las personas se sienten a salvo. La semana pasada, ataques israelíes alcanzaron el centro de Beirut, incluidos los barrios densamente poblados de Zokak Blat y Bashoura, donde muchas familias habían huido en busca de seguridad. Uno de los ataques cayó a tan solo una manzana de una escuela convertida en albergue. El miedo entre las familias y los niños es constante. Y estas vivencias dejan heridas invisibles que pueden perdurar mucho más allá de este conflicto.
Antes de esta crisis, el Líbano ya acogía a un millón de personas refugiadas, en su mayoría sirias. Miles de ellas se cuentan ahora entre la población recién desplazada y recurren a ACNUR y a sus socios en busca de ayuda. Las familias refugiadas desplazadas informan de graves afecciones médicas, discapacidades y riesgos de protección, y necesitan con urgencia servicios específicos para niños, mujeres y otras personas con necesidades particulares, así como apoyo económico para alimentación, alojamiento y otros elementos básicos.
Al mismo tiempo, continúan los cruces hacia Siria: cerca de 190.000 personas desde el 2 de marzo, entre ellas unos 165.000 sirios y alrededor de 25.000 libaneses.
En el Líbano, ACNUR respalda la respuesta liderada por el Gobierno como agencia de la ONU responsable de protección y refugio, en estrecha coordinación con las autoridades y las organizaciones socias. Hasta el momento, ha distribuido más de 195.000 artículos de primera necesidad —como colchones, mantas, lámparas solares y esterillas— a más de 72.000 personas en 430 centros colectivos. Junto con sus socios, también ha prestado servicios de protección a 25.000 personas, incluidos apoyo psicosocial y asistencia a los más vulnerables.
Pese a las dificultades logísticas a escala global, ACNUR está reforzando la respuesta gracias a donaciones recibidas a tiempo. La semana pasada, un puente aéreo financiado por Italia permitió la entrega de 32 toneladas de material humanitario de emergencia; al que se sumó ayer otro financiado por la Unión Europea, Irlanda e Italia. Además, ACNUR está enviando 40 camiones con artículos esenciales desde el almacén global en Dubái; los primeros diez llegaron ayer.
Sin embargo, las necesidades crecen más rápido que los recursos disponibles. Naciones Unidas y el Gobierno del Líbano han hecho un llamamiento urgente de 300 millones de dólares, en el que ACNUR solicita más de 60 millones para apoyar a 600.000 personas durante un primer periodo de tres meses. No obstante, las necesidades siguen aumentando. A finales de febrero, la operación de ACNUR en el Líbano apenas contaba con un 14 % de financiación, por lo que la Agencia de la ONU hace un llamamiento urgente a la comunidad internacional.
El Líbano ya arrastraba múltiples crisis, y este desplazamiento masivo ejerce una presión aún mayor sobre familias, comunidades y servicios. ACNUR sigue profundamente preocupada por el impacto en la población civil, que debe ser protegida en todo momento. Una y otra vez, la población repite lo mismo: simplemente quiere volver a casa.

