Abr 07
El proyecto que impulsa Shirley, además de un comedor para la niñez, se ha convertido en un punto de encuentro para las madres de una comunidad vulnerable en Panamá, donde reciben información y orientación. © ACNUR/Augusto Revello

De refugiada a líder comunitaria: la historia de Shirley

A pesar de los desafíos de tener que recomenzar una vida lejos de violencia en un nuevo país, Shirley quiso retribuir con el mismo cariño la comunidad que la recibió.

Todos los días, 30 niños de una comunidad vulnerable en Panamá se encuentran en ‘Mi Primera Cremita’, un pequeño comedor donde encuentran alimento, acompañamiento y afecto. El proyecto lo impulsa Shirley Mosquera, una mujer refugiada proveniente de Colombia que transformó su dolor en una oportunidad para apoyar a otras madres y sus hijos.

Cuando se vio forzada a salir de Colombia, luego de enfrentar amenazas y un episodio de violencia de género que puso en riesgo su vida, lo hizo con mucha prisa. “Te dicen: tienes tantas horas para salir y le toca a uno recoger el pasaporte y salir corriendo… sin mirar atrás”, cuenta Shirley. Al llegar a Panamá, dejando el salón de belleza en el que tanto esfuerzo había invertido, sus estudios y la vida que había construido junto a sus hijos, pensó en rendirse, pero encontró la fuerza para empezar de nuevo.

En 2022, Panamá reconoció su condición de refugiada, permitiéndole avanzar en su proceso de integración. Para entonces, Shirley ya había comenzado a reconstruir su camino y ‘Mi Primera Cremita’ se había convertido en ese motor que le da propósito: un espacio de encuentro y solidaridad. Desde hace seis años, Shirley hace lo imposible para, con recursos limitados y junto a un grupo de madres voluntarias, brindar alimento a niños panameños, colombianos, nicaragüenses y venezolanos. “Esto no tiene frontera ni límite”, afirma. “Aquí se ayuda a cualquiera que lo necesite”.

Pero el impacto va más allá de la alimentación. El comedor también se ha convertido en un punto de encuentro para las madres del barrio, donde acceden a orientación, participan en talleres de autoestima y se forman en oficios como repostería y manualidades. A través de estas iniciativas, Shirley ha tejido redes, articulando esfuerzos con gobiernos locales, fundaciones y organizaciones no gubernamentales, para fortalecer capacidades, impulsar emprendimientos y acompañar a mujeres que atraviesan situaciones de violencia, brindando primeros auxilios psicológicos y orientando a sobrevivientes hacia servicios de protección y salud mental. “A veces pienso que lo que hago es poco, pero cuando la gente me da las gracias y me demuestra cariño, entiendo que no tiene precio”, confiesa.

El camino no ha sido sencillo y aunque algunas puertas se le cerraron, poco a poco fue ganando el respeto de su comunidad hasta convertirse en una líder. Este marzo, Shirley fue reconocida por la Defensoría del Pueblo de Panamá en el Concurso Nacional de Mujeres Destacadas 2026, que pone en valor a mujeres que transforman sus comunidades, destacando su labor desde ‘Mi Primera Cremita’ en la construcción de tejido social y la lucha contra la violencia de género.

Hoy, desde la pequeña casa que alberga el comedor, Shirley sueña con poder seguir apoyando a quienes más lo necesitan. “Dios me mandó con un propósito”, afirma.

Shirley fue reconocida por la Defensoría del Pueblo de Panamá en el Concurso Nacional de Mujeres Destacadas 2026.© ACNUR/Bryan Brenna

Shirley fue reconocida por la Defensoría del Pueblo de Panamá en el Concurso Nacional de Mujeres Destacadas 2026.
© ACNUR/Bryan Brenna

En 2025, Shirley fue parte de “Con amor desde…”, una iniciativa de ACNUR en la que, a través de cartas, personas refugiadas y solicitantes de la condición de refugiado en Chile, Ecuador y Panamá compartieron el camino que recorrieron en busca de protección y cómo, paso a paso, están reconstruyendo sus vidas en los países que las acogieron. América Latina es un ejemplo mundial de buenas prácticas para la integración de las personas refugiadas y que necesitan protección, incluso con un enfoque de género, también gracias a procesos regionales como el Proceso de Quito, presidido por Panamá en 2026, y el Marco Integral Regional para la Protección y Soluciones (MIRPS) liderado este año por El Salvador.

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