Los primeros días de Judy y su familia en Panamá estuvieron marcados por la incertidumbre. Habían huido de Colombia y el miedo de ser encontrados era tan fuerte que por muchos meses no se atrevieron a acercarse a ninguna institución estatal a pedir ayuda.
“Teníamos que estar en constante movimiento, cambiando de número de teléfono y usando teléfonos públicos. Era un caos comunicarme con mi familia que había quedado en Colombia”, cuenta Judy, de 41 años.
Hace 2 décadas, cuando el internet y las redes sociales comenzaban a incorporarse a la vida cotidiana, Judy intuía que la tecnología podía convertirse en una herramienta clave para comunicarse con sus seres queridos, pero que también era un riesgo. “No puedes abrir una red social porque no sabes quién la está manipulando”, señala.
Para quienes han sido forzados a huir del conflicto o de agentes de persecución, la relación con la tecnología no es neutral. En muchos casos, esta herramienta se convierte en el puente entre la vida que quedó atrás y la que se intenta reconstruir. Sin embargo, conectarse a internet también implica dejar una huella digital y para muchas personas refugiadas cada interacción en línea puede acarrear riesgos de seguridad.
“La ciberseguridad es hoy una forma esencial de protección. A través de este proyecto buscamos que las personas refugiadas puedan identificar riesgos, tomar decisiones informadas y ejercer un mayor control sobre su vida digital. Cuando la protección digital se convierte en una herramienta accesible, se reducen los riesgos y se fortalecen la autonomía y las oportunidades de integración, incluyendo el acceso al empleo en un entorno cada vez más digitalizado”, señala José Egas, Representante de la Oficina Multipaís de ACNUR en Panamá.
Para personas refugiadas como Jonathan, de 24 años, originario de El Salvador, navegar por internet de manera segura es un tema especialmente sensible, ya que compartir datos personales, ubicaciones o información en apariencia inofensiva puede ser utilizado de manera maliciosa por terceros. “Sí se puede vivir una vida de seguridad, teniendo como principio estos programas de seguridad y desarrollándolos con la gente, para que ellos comprendan cómo proteger sus datos, cómo proteger información sensible y puedan tener una vida tranquila y sentirse seguros en otro país”, explica.

Judy, participante del programa, toma notas y desarrolla ideas a partir de su experiencia, fortaleciendo hoy sus conocimientos en ciberseguridad para comunicarse y protegerse en entornos digitales.
© ACNUR/Augusto Revello
Hoy, Jonathan, Judy y los otros 8 refugiados y solicitantes de refugio en Panamá que forman parte del programa han fortalecido sus habilidades para protegerse en el entorno digital y han desarrollado la capacidad de compartir estos conocimientos con otras personas que enfrentan vulnerabilidades similares, convirtiéndose en guías y referentes dentro de sus comunidades, donde ya han capacitado a más de 150 personas.
“Tener acceso y conocimiento nos va a permitir compartirlo con compañeros que vienen llegando. Podemos capacitarles, guiarles, para que ellos se sientan más seguros en el país que les está acogiendo”, reflexiona Judy.
El programa «Ciberseguridad para refugiados por refugiados» es posible gracias al apoyo del Gran Ducado de Luxemburgo, como parte del Fondo de Innovación de ACNUR. Este financiamiento ha permitido impulsar una iniciativa que fortalece la protección digital y la autonomía de las personas refugiadas.

