Cuando Camila* se vio forzada a desplazarse a otra ciudad dentro de Honduras para escapar de la violencia que la acechaba, pudo encontrar un lugar seguro y reiniciar su vida gracias a la asistencia de ACNUR.
Desde muy joven, Camila entendió que crecer siendo ella misma no sería fácil. Como mujer trans en una de las colonias de mayor riesgo en Tegucigalpa. “Nunca me sentí segura para expresarme”. comenta. La violencia, la estigmatización, la exclusión y la falta de espacios seguros marcaron su infancia y adolescencia. Sus estudios quedaron inconclusos y la incomprensión se volvió parte de su día a día. A los 17 años, la violencia alcanzó el hogar de Camila. Un atentado terminó con la vida de su hermano y eso obligó a toda su familia a desplazarse a otra ciudad. “Yo sentía que en cualquier momento podría pasarnos lo mismo”, recuerda Camila.
Sin embargo, a sus 21 años, un nuevo hecho de violencia marcó la vida de Camila: fue secuestrada. Logró escapar, pero el riesgo era demasiado alto y ese temor la obligó a huir nuevamente. Ese segundo desplazamiento la encontró sola, sin recursos y sin conocer a nadie que le pudiera tender una mano amiga. Se trasladó fuera de su ciudad y buscó empleo, pero enfrentó rechazo por ser mujer trans. Sin un lugar donde quedarse y sin ingresos, terminó viviendo en la calle. “Había días en los que ya no sabía qué iba a hacer con mi vida”, expresa Camila. En Honduras, la violencia y la discriminación continúan afectando de manera desproporcionada a las personas LGBTIQ+, especialmente a las mujeres trans. En ciudades como Tegucigalpa y San Pedro Sula, el control territorial ejercido por grupos criminales, sumado a la exclusión social y a las barreras para acceder a educación, empleo y servicios básicos, reduce drásticamente sus opciones y empuja a muchas mujeres trans a abandonar sus hogares y comunidades para proteger sus vidas.
El Estudio de Caracterización del Desplazamiento Interno por Violencia en Honduras identifica a este grupo entre los más expuestos al desplazamiento forzado, una realidad que se refleja en la persistencia de la violencia: entre 2004 y 2024, se han documentado más de 565 muertes violentas de personas de la comunidad LGBTIQ+ en el país.
En su búsqueda de protección, Camila pidió ayuda y llegó a instituciones públicas que trabajan de la mano con ACNUR. Ahí recibió orientación y fue remitida para acceder a asistencia. Gracias al financiamiento del Gobierno de la República de Corea, ACNUR pudo reubicarla en un lugar seguro y brindarle acompañamiento psicológico, así como apoyo económico para cubrir sus necesidades básicas, mientras empezaba a recuperar estabilidad y seguridad.
“Sentí una paz que no había sentido en mucho tiempo”, cuenta Camila. “Fue como quitarme un peso enorme de encima. Ya no estaba sola; podía descansar en un lugar digno y comer mis alimentos a tiempo y cubrir mis necesidades del día a día”.
En 2025, el apoyo de la República de Corea ha permitido que más de 1.035 personas forzadas a huir de sus hogares puedan reconstruir sus vidas y recuperar estabilidad en Honduras. “Los servicios especializados de protección integral nos permiten responder a las necesidades específicas de cada persona en contextos de violencia, acompañándolas desde los momentos más críticos hasta su integración en nuevas comunidades, donde pueden reconstruir redes de apoyo y su arraigo”, señala Kathryn Lo, Representante de ACNUR en Honduras.
Con este apoyo, Camila logró alquilar un pequeño cuarto, encontrar trabajo en un salón de belleza y recuperar parte de la tranquilidad que había perdido. La atención emocional también fue determinante en su proceso. “Vivir con miedo deja marcas. Es importante tener a alguien que te escucha y te da fuerza para volver a empezar”, explica Camila.
Hoy, aunque algunos temores persisten, Camila mira hacia adelante con determinación. “El apoyo que recibí salvó mi vida y me devolvió la esperanza”, dice con serenidad. Sueña con retomar sus estudios y convertirse en una voz para otras mujeres trans que, como ella, buscan un lugar donde vivir con dignidad. “Después de la tempestad viene la calma. Ojalá todas podamos sentir esa calma algún día.”
*Nombre cambiado por motivos de protección.

