Un proyecto financiado por la Unión Europea le está brindando apoyo en salud mental a miles de familias desplazadas en Chile, una intervención humanitaria integral para salvar vidas y facilitar la integración.
Mientras reconstruían sus vidas, participaron en un proyecto de asistencia en salud mental de la Vicaría Pastoral Social Caritas, apoyado por ACNUR con el financiamiento de la Unión Europea. Este acompañamiento, es una intervención clave de la respuesta humanitaria, ya que no solo alivia el trauma del desplazamiento forzado, sino que también fortalece las bases para una integración más sana y sostenible.
“Me sentía muy angustiada… La soledad del día a día y no poder colaborar económicamente en mi casa, por cuidar a mis hijos, me tenía muy frustrada”, relata Risdayly, una madre venezolana, sobre sus primeros meses en Chile.
“Estaba cegada, no sabía qué hacer, qué opciones tenía. Toda esta tristeza estaba también afectando la relación con mis hijos, porque a veces uno no lo ve, pero ellos absorben los problemas y la energía que nosotros tenemos”, agrega.

“Me sentía muy angustiada… la soledad del día a día y no poder colaborar económicamente en mi casa, por cuidar a mis hijos, me tenía muy frustrada”, relata Risdayly.
© ACNUR/Rossana Chávez
Para Daviannys, su compatriota, el día a día tampoco era sencillo: “Yo no veía soluciones… Estaba en un estado constante de preocupación, lo que me llevaba a aguantar, a aguantar, pero luego a explotar”.
Como miles de personas que llegan tras un desplazamiento forzado, ambas mujeres enfrentaban estrés, rupturas afectivas, inseguridad y la sensación de estar comenzando desde cero, sin ningún soporte emocional a su alrededor. Estos desafíos psicológicos – que son parte natural del duelo y desarraigo – pueden profundizar vulnerabilidades, deteriorar vínculos familiares e incluso impedir que una persona acceda a oportunidades básicas de integración.
Un apoyo que cambia trayectorias
“Vivir el desarraigo puede sentirse como cuando un jarrón se rompe en el suelo: te quedas en pedacitos. Antes de pegarlo, hay que juntar cada parte y ver dónde encaja. Solo después se puede empezar a poner el pegamento para darle forma otra vez. En la respuesta humanitaria, la salud mental ayuda a que las personas ordenen sus fragmentos y puedan volver a afirmarse poco a poco”, explica Alejandra Faivovich, responsable para ACNUR del proyecto. “Las cicatrices probablemente quedarán, pero volver a armarte, es clave para seguir. La salud mental no es un complemento, es un componente esencial para salvar vidas y facilitar la integración”, añade.
Para estas madres todo comenzó a transformarse positivamente cuando conocieron el programa de apoyo en salud mental, implementado por la Vicaría Pastoral Social Cáritas y ACNUR.
Este programa es un componente esencial dentro de un proyecto integral, financiado por la Unión Europea a través de su Agencia de Ayuda Humanitaria (ECHO), que busca brindar apoyo a personas con necesidades de protección internacional mediante alojamiento de emergencia y acompañamiento psicosocial.
Su objetivo es ofrecer una red de apoyo que permita acompañar a las personas en sus necesidades humanitarias para pavimentar, de ese modo, el proceso de integración desde bases más sólidas.
En particular, a noviembre de 2025, el componente de apoyo psicosocial entregó atenciones personalizadas a más de 280 personas, acumulando más de 1.180 sesiones de atención psicológica ejecutadas.

“No es solo acompañamiento profesional, también es apoyo personal. A veces uno necesita un abrazo… sentirse cobijada”, confiesa Daviannys.
© ACNUR/Rossana Chávez
Para Daviannys y Risdayly, estos servicios les permitieron entender, manejar y sanar los efectos emocionales del desplazamiento. La intervención psicológica no solo alivió el malestar: les devolvió la confianza y la motivación para salir adelante.
“Gracias a la ayuda psicológica ya no soy la misma: tengo motivación para seguir”, destaca Risdayly. “A veces uno no sabe identificar los conflictos internos… pero con las sesiones fuimos desbloqueando cosas”, agrega.
En los talleres grupales descubrieron algo esencial: no estaban solas. “La ayuda psicológica me hizo sentir que soy útil otra vez, me permitió valorarme y entender que soy capaz de hacer cosas importantes por mí y por mi familia, aun en un lugar en donde las circunstancias son adversas”, dice Risdayly.
Daviannys lo resume así: “No es solo acompañamiento profesional, también es apoyo personal. A veces uno necesita un abrazo… sentirse cobijada”. Su testimonio refleja una verdad profunda: “Cuando una persona logra recomponer su estabilidad emocional, encuentra la fuerza para avanzar y reconstruir su vida, aun a miles de kilómetros de casa”.

