A medida que la crisis en Sudán entra en su cuarto año, los combates siguen asolando amplias zonas del país, provocando nuevos desplazamientos y prolongando la tragedia diaria de millones de personas sin que se vislumbre un final claro.
Desde que comenzó la guerra en abril de 2023, alrededor de 14 millones de personas se han visto obligadas a huir: 9 millones permanecen desplazadas dentro de Sudán y 4,4 millones en países vecinos. Para muchas de ellas, el desplazamiento ha sido un ciclo repetido y agotador de huida hacia una seguridad relativa, solo para tener que huir de nuevo. Hoy, uno de cada cuatro sudaneses está desplazado.
La violencia continúa en gran parte de Darfur, las regiones de Kordofán y el estado del Nilo Azul. El reciente aumento de los bombardeos aéreos y el uso de drones ha obligado a más personas a huir. Siguen produciéndose violaciones de los derechos humanos, incluida la violencia sexual como arma de guerra, el reclutamiento forzoso, las detenciones arbitrarias, las masacres y otros abusos. La población civil está especialmente expuesta, con frecuentes denuncias de acoso, violencia y secuestros durante la huida hacia lugares más seguros.
Las mujeres y las niñas siguen enfrentándose un mayor riesgo de violencia sexual, explotación y abuso, especialmente cuando atraviesan zonas inseguras. El colapso de los sistemas de salud, de las fuerzas del orden y de los mecanismos de justicia ha generado un clima de impunidad generalizada. Las supervivientes de violencia de género se enfrentan a importantes obstáculos para denunciar los hechos y acceder a servicios médicos, psicosociales y legales, lo que refuerza aún más el ciclo de abusos e infradenuncias.
Millones de niños y niñas llevan ya tres años de su infancia desplazados, con consecuencias profundas y duraderas para su futuro. La mayoría ha tenido poco o ningún tipo de acceso a la educación. Más de 58.000 menores llegaron solos a países vecinos, separados de sus familias durante la huida, a menudo heridos y profundamente traumatizados.
Los países vecinos que acogen a la mayoría de los refugiados sudaneses, en particular Chad, Egipto y Sudán del Sur, están al límite de su capacidad. Siguen llegando personas desde Darfur a Chad, mientras Sudán del Sur lucha por atender tanto a los refugiados sudaneses como a casi un millón de sursudaneses que han regresado desde abril de 2023, en medio de su propia crisis, que se está agravando. La reducción de la ayuda y las limitadas oportunidades en todos los países de acogida obligan a muchos a enfrentarse a decisiones imposibles.
Al mismo tiempo, un número creciente de sudaneses desplazados está regresando a zonas donde los combates han remitido considerablemente. Alrededor del 80 % son personas desplazadas internas, junto con 870.000 refugiados procedentes de países vecinos. La mayoría regresa a los estados de Al Jazeera y Sennar, y casi 1,5 millones de personas han regresado a Jartum, donde las condiciones son extremadamente precarias: las infraestructuras y los servicios básicos están en gran medida destruidos, la economía devastada y el tejido social profundamente dañado. Es fundamental apoyar a las personas retornadas para mitigar el riesgo de nuevos desplazamientos.
También está aumentando el número de sudaneses que emprenden el peligroso viaje a través de Libia hacia Europa. Más de 14.000 sudaneses llegaron a Europa entre 2024 y 2025, lo que supone un aumento del 232 % desde que comenzó el conflicto. Estos movimientos no responden ni a una elección ni a la conveniencia, sino a la falta de perspectivas de paz y a las necesidades no cubiertas tanto en Sudán como en los países de primera acogida. La paz, o como mínimo respuestas humanitarias y de desarrollo mejor financiadas, son urgentemente necesarias para que los sudaneses puedan vivir con dignidad allí donde se encuentren.
Tres años después, Sudán —la mayor crisis de desplazamiento del mundo y una de las peores emergencias de protección— sigue agravándose en un contexto de grave escasez de financiación a nivel mundial. Las agencias humanitarias, incluido ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, solo han recibido hasta ahora el 16 % de los 2.800 millones de dólares necesarios para proporcionar asistencia dentro de Sudán, y apenas el 8 % de los 1.600 millones de dólares requeridos para la respuesta regional a los refugiados.
Sin una renovada y sostenida atención y apoyo internacionales, el sufrimiento y los riesgos no harán sino aumentar para los millones de personas desplazadas y para la región en su conjunto, agravando aún más una crisis ya de por sí desestabilizadora y costosa de resolver. Un coste que ni Sudán ni el mundo, pueden permitirse asumir.

