Abr 22

Declaración de ACNUR sobre el fallecimiento de Su Santidad el Papa Francisco

ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, expresa su más profundo pesar por el fallecimiento de Su Santidad el Papa Francisco. Hacemos llegar nuestro más sentido pésame a la comunidad católica de todo el mundo y a todos aquellos que lloran la pérdida de un líder moral, compasivo y valiente.

El Papa Francisco fue un defensor incansable de los derechos y la dignidad de las personas refugiadas, migrantes y desplazadas por la fuerza en todo el mundo. Se levantó y habló de forma continua e implacable en favor de las víctimas de la guerra y de quienes se ven forzados a huir de sus hogares.

Recordó al mundo las tragedias humanas que se están produciendo en las fronteras europeas y más allá de ellas, y destacó la responsabilidad que compartimos de proteger las vidas de quienes se ven forzados a huir.

Escuchando de primera mano a personas refugiadas en Lampedusa, Grecia, Chipre y otros lugares, hizo un poderoso llamamiento a la comunidad internacional para que no se les dé la espalda a quienes se ven forzados a huir.

A lo largo de su pontificado, el Papa Francisco utilizó su autoridad moral única para pedir a los gobiernos y a la comunidad internacional en general que acojan, protejan, promuevan e integren a las personas refugiadas en la sociedad, particularmente en un momento en el que su desesperada situación se enfrenta con demasiada frecuencia a barreras, rechazo y miedo. También se comprometió en favor del medio ambiente y la naturaleza.

Su inquebrantable solidaridad con las personas desplazadas, su compromiso con la paz mundial, su compromiso con las causas humanitarias y su llamamiento al diálogo para resolver conflictos y construir solidaridad inspiraron la acción, la compasión y un sentido más profundo de la humanidad compartida. Estaba firmemente comprometido con la paz en todas partes: desde Medio Oriente hasta Colombia, pasando por Ucrania, la República Centroafricana, Sudán, Sudán del Sur, la República Democrática del Congo y Myanmar, habló en favor de la paz, la reconciliación y la dignidad.

El año pasado, en el Día Mundial del Refugiado, hizo un llamamiento a todos “para acoger, promover, acompañar e integrar a quienes llaman a nuestras puertas”, pidiendo que “los Estados se esfuercen por garantizar condiciones humanas para las personas refugiadas y faciliten los procesos de integración”.

Su fallecimiento es una pérdida para todos los que nos inspiramos en sus principios y valores, y su legado seguirá guiando y fortaleciendo nuestro trabajo para proteger a quienes se ven forzados a huir.

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